jueves, 16 de febrero de 2017

La culturadel yo


 La cultura occidental puede contarse como la historia de un Yo que ha ido engordando. Es fácil señalar las etapas principales. La reforma protestante apeló a la propia conciencia frente a la autoridad. Descartes instauró el Yo pienso como instancia definitiva, la Ilustración hizo lo mismo con la razón, el romanticismo exacerbó el protagonismo del Yo y el idealismo alemán lo convirtió en el origen de todo y, como último paso, encontramos la insistencia en los derechos individuales. Todo ha desembocado en una afirmación desmesurada del Yo que no deja de plantearnos problemas. Lo que comenzó siendo una necesaria defensa de la autonomía personal se ha convertido en un obsesivo cuidado de sí mismo y en un narcisismo galopante.
La cultura del yo, una cultura que aboga por una sola persona en este mundo, tú, osea YO.
De cierta forma el yo es exaltado a tal grado que la percepción de los demás es alterada increíblemente. Parece loco que una persona adulta pueda ser víctima del YO ACRECENTADO, pero a todos nos pasa o nos paso en cierto punto de la vida, bueno, no a todos nos pasa pero es muy fácil caer en esa peligrosa trampa.
Le paso a Narciso, relata la mitología griega, un joven que murió por su belleza. En tiempos modernos parecería imposible morir buscando la belleza externa, pero sigue pasando, y lo más asombroso es que todo el mundo se olvido de la belleza interior, que existe el rumor que es la belleza más bonita, pero es solo un rumor.
Una sociedad donde prevalece primero el “Yo”, una cultura donde “pernea mucho el yo primero, yo segundo, yo tercero y si queda algo de espacio, yo cuarto y de esta manera pensamos todo desde nuestro punto de vista, no pienso en el otro de una forma empática” y no me importa nadie más” dijo Arnoldo Mendoza, sociólogo.
Aquí podemos encontrar una sección sobre este tema del periódico "La Vanguardia"


La culturadel yo

  La cultura occidental puede contarse como la historia de un Yo que ha ido engordando. Es fácil señalar las etapas principales. La refo...